30 octubre, 2006

EL PARRICIDIO. DOSTOIEVSKI. FRAGMENTOS

Dostoyevski el poeta, el neurótico, el moralista y el pecador. Los hermanos Karamazof es la novela más acabada que jamás se haya escrito, y el episodio del gran inquisidor es una de las cimas de la literatura mundial. Por desgracia, el análisis tiene que rendir las armas ante el problema del poeta.

De la complicación de la personalidad de Dostoyevski hemos extraído tres factores: uno cuantitativo y dos cualitativos. Su extraordinaria afectividad, la disposición instintiva perversa que había de hacer de él un sádicomasoquista o un criminal y sus dotes artísticas, inanalizables. Este conjunto podría existir muy bien sin neurosis. Hay, en efecto, masoquistas completos no neuróticos. Conforme a la relación de fuerzas entre las exigencias instintivas y las inhibiciones a ellas contrapuestas (exceso de los caminos de sublimación disponibles), podría aún clasificarse a Dostoyevski dentro de los llamados «caracteres instintivos». Pero la situación es enturbiada por la coexistencia de la neurosis, la cual, como ya hemos dicho, no es inevitable y fatal en semejantes circunstancias, pero se constituye tanto más fácilmente cuanto mayor es la complicación que el yo ha de vencer. La neurosis no es más que un signo de que el yo no ha logrado una tal síntesis y ha perdido, al intentarlo, su unidad.

El parricidio es, según interpretación ya conocida, el crimen capital y primordial, tanto de la Humanidad como del individuo. Desde luego, es la fuente principal del sentimiento de culpabilidad, aunque no sabemos si la única, pues las investigaciones no han podido determinar con seguridad el origen psíquico de la culpa y de la necesidad de rescatarla. Pero tampoco es preciso que sea, en efecto, la única. La situación psicológica es complicada y precisa de aclaración. La relación del niño con su padre es una relación ambivalente. Además del odio que quisiera suprimir al padre como a un enfadoso rival, existe, regularmente, cierta magnitud de cariño hacia él. Ambas actitudes llevan, conjuntamente, a la identificación con el padre. El sujeto quisiera hallarse en el lugar del padre porque le admira; quisiera ser como él y quisiera al mismo tiempo suprimirlo. Ahora bien: toda esta evolución tropieza con un poderoso obstáculo. En un momento dado, el niño llega a comprender que la tentativa de suprimir al padre como a un rival sería castigada por aquél con la castración. Y así, por miedo a la castración, esto es, por interés de conservar su virilidad, abandona el deseo de poseer a la madre y suprimir al padre. En cuanto tal deseo permanece conservado en lo inconsciente, constituye la base del sentimiento de culpabilidad. Todos éstos son, a nuestro juicio, procesos normales, el destino normal del llamado complejo de Edipo.

Lo que hace inadmisible el odio al padre es el miedo al mismo; la castración es temerosa tanto en calidad de castigo como en calidad de precio del amor. De los dos factores que reprimen el odio al padre, el primero, el miedo directo al castigo y a la castración, puede ser calificado de normal, mientras que la intensificación patógena parece ser aportada por el otro factor, el miedo a la actitud femenina. Una intensa disposición bisexual es así una de las condiciones o uno de los refuerzos de la neurosis. Podemos estar casi seguros de que Dostoyevski entrañaba tal disposición, manifiesta en la importancia que tuvieran en su vida las amistades masculinas (homosexualidad latente), en su conducta singularmente cariñosa para con sus rivales en amor y en su excelente comprensión de situaciones sólo explicables por una homosexualidad reprimida, como lo prueban múltiples pasajes de sus novelas.

Si el padre fue severo, violento y cruel, el super-yo toma de él estas condiciones, y en su relación con el yo se restablece aquella pasividad que precisamente había de ser reprimida. El super-yo se ha hecho sádico, y el yo se hace masoquista; esto es, femeninamente pasivo en el fondo. Fórmase en el yo una magna necesidad de castigo, que permanece, en parte como tal a disposición del destino y encuentra, en parte, satisfacción en el maltrato por el super-yo (sentimiento de culpabilidad). Todo castigo es, en el fondo, la castración y como tal, el cumplimiento de la antigua actitud pasiva con respecto al padre. También el destino es tan sólo, en último término una ulterior proyección del padre.

Así, pues la fórmula correspondiente a Dostoyevski será ésta: un sujeto de disposición bisexual particularmente intensa, que puede defenderse con singular energía su dependencia de un padre especialmente duro. Este carácter de la bisexualidad lo añadimos a los componentes de su personalidad antes fijados. El síntoma temprano de los «ataques de muerte» se nos explica así como una identificación con el padre, tolerada por el super-yo con un fin punitivo. «Has querido matar a tu padre para ocupar tú su lugar. Pues bien: ahora eres tú el padre, pero el padre muerto.» Tal es el mecanismo corriente de los síntomas histéricos. «Y, además, ahora el padre te mata a ti.»

Para el yo, el síntoma de la muerte es la satisfacción imaginativa del deseomasculino y al mismo tiempo una satisfacción masoquista. Para el super-yo es unasatisfacción del impulso punitivo, o sea, una satisfacción sádica. Ambos, el yo y elsuper-yo, siguen desempeñando el papel del padre.

La novela de Dostoyevski avanza en esta dirección un paso más. También en ella es otro el que ha cometido el crimen; pero alguien que se hallaba en el asesinato en la misma relación filial que Dimitri, el protagonista, con respecto al cual es abiertamente confesado el motivo de la rivalidad sexual. El parricida es, en efecto, otro hermano, al que Dostoyevski atribuye singularmente su propia enfermedad, la pretendida epilepsia, como si quisiera confesar que el neurótico y epiléptico que en él había era un parricida. Y luego sigue en el informe ante los tribunales la famosa burla contra la Psicología, calificada de cuchilla con dos extremos, la cual constituye un habilísimo encubrimiento, pues basta darle la vuelta para hallar el sentido profundo de la concepción de Dostoyevski. No es la Psicología lo que merece la burla, sino el procedimiento judicial. Es indiferente quién haya cometido realmente el crimen; para la Psicología, lo único que importa es quién lo ha deseado en su fuero interno y ha acogido gustoso su realización, y por eso son igualmente culpables todos los hermanos -con la sola excepción de Aljoscha, figura de contraste-, tanto el vividor entregado a sus instintos, como el cínico escéptico y el criminal epiléptico. En Los hermanos Karamazof hallamos una escena que caracteriza magistralmente a Dostoyevski. El staretz reconoce en una conversación con Dimitri que entraña en sí la disposición al parricidio y se arrodilla ante él. Este acto no puede ser desde luego una expresión de admiración; ha de significar que el santo rechaza en sí la tentación de despreciar o condenar al asesino y se humilla por ello ante él. La simpatía de Dostoyevski hacia el delincuente es realmente ilimitada; va mucho más allá de la compasión, a lo que puede aspirar el desgraciado, y recuerda el respeto que a los antiguos inspiraban el epiléptico y el demente. El criminal es para él casi como un redentor, que ha tomado sobre sí la culpa que de otro modo habrían tenido que soportar los demás. Uno no necesita ya asesinar después que él ha asesinado y tiene que estarle agradecido, pues de otro modo hubiera tenido uno mismo que cometer el crimen. Esto no es sólo benigna compasión, sino identificación sobre la base de idénticos impulsos asesinos, y en último término, narcisismo ligeramente desplazado. Lo cual no anula en modo alguno el valor ético de tal bondad. Acaso es éste, en general, el mecanismo de la compasión, más fácilmente perceptible en este caso extremo del poeta, dominada por el sentimiento de culpabilidad. Es indudable que esta identificación simpática determinó decisivamente en Dostoyevski la elección de los temas literarios.

2 comentarios:

A las 4:37 a. m. , Blogger Naychka ha dicho...

Muchas gracias por publicar esto!

 
A las 12:20 a. m. , Anonymous Anónimo ha dicho...

A Freud había que crucificarlo boca abajo, y cuando esté a punto de morir que le haga el boca boca su padre.O el padre de su padre, o sea su abuelo. Que en su jerga no incluye el término ese, supongo por que se excitaba y no sabía escribir peor. De lo que no existe la menor duda es su falta de talento para ordenar ideas. Claro, que para ordenar semejante delirio haría falta escribir como Dostoyevski.
Y estoy en contra de quemar libros pero los de Freud son ideales para encender una hogera.
Necesito informacíon sobre la sexualidad de este sujeto miserable. Si alguien me facilitara algo, lo agradecería. Grcias

 

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