12 diciembre, 2006

Borja. Esta tarde no he tenido más cojones que tragarme una película de Pajares y Esteso. Manda cojones, tener amigos para esto. Si al final va a resultar que soy tan amigo de mis amigos... Si, si. Tiene mucha gracia. Pero estos dos, estos tios són maricones, ¿no? Al menos Pajares, bueno y Esteso y el otro, Ozores, una pandilla de maricones salidos. Maricones y furcias, menudo trío. Esa tia que sale con ellos en la peli, ¿no es aquella que quedó tetrapléjica? Pobrecita, lo pienso. Hay momentos para ponerse en plan serio. Al final, eran tan graciosos porqué en la vida real, eran auténticos hijos de puta. Por fin, alguién que me comprende. Soy una florecilla, jeje. Mi padre: Este chico es una florecilla. No exageres, al final tiene buen humor el buen hombre. Me alegro de que se lo hayan tomado así. En mi familia siempre hemos sido todos muy dicharacheros. A todo el mundo parezco producirle una especie de morbo, los chicos, las chicas, ellas incluso más. Les pareceré masculino, no sé, que importa. ¿Parezco tan salido?, me gusta que me consideren un mal bicho, pero, ¿salido?. Ni que fuera un animalillo del campo. Puedo controlar mis impulsos. A decir verdad, son las malas compañías, ellos són los que me instigan. No sé porqué digo que, las malas influencias, si yo soy tres cuartos de lo mismo. Una mala influencia. ¿Qué es lo que influye? ¿Alguién se puede sentir engañado? Engañado por mi, peor para ellos. No es de lo que se trata, son tontos. Se dejan influir ¿Y, qué? Sinceridad. A veces prefeririría ser menos sincero. No me guardo nada para mi. Mala semilla, eso me pasa por tener estas orejillas. El labio adelantado. Mmm, resulta muy sexy. Morritos. Damisela, bella damisela encantada. Los que deben tener un buen rabo, són eso dos, el Alex y el hetero ése, Pablo. Se les nota en la cara. Cuando tienes un buena herramienta de trabajo, haces siempre buena cara para todos. Tu capullo, funciona a tal velocidad que siempre te encuentras relajado y con el cuerpo tonificado. Un buen tono muscular, y un buen exfoliante para la piel. Me encantaría camelarme un hetero de esos. ¿Crees que tengo suficiente atractivo? Me hago a mi mismo, esa misma pregunta. Estoy, delirando. Ese Pablo es alto. Era... era alto, ¿no?. Mis pensamientos, simples balbuceos. Con lo bravucón que he sido, la fama que me he creado, el personaje que he curtido. No me parezco a... Mi madre me apuntó a uno de esos grupos de boy scouts, no me perdía la ilusión, pero la fantasía de ser violado por un grupo de exploradores, era un sueño para mi por aquel entonces. Aquellos pataloncitos no me ponían nada. Llegué a pensar que me convertirían en un reprimido repipi... Mis padres iban por aquel entonces, a esa tontería de El encuentro matrimonial. Creo que solamente se iban de viaje, para poder follar tranquilos en otras latitudes. Les debía de dar verguenza que les oyera en la cama retozondo como locos. De adolescente parecía un explorador tipo, Bruce Chatwin, aunque un poco salido. Soñaba con viajar a la Patagonia y perderme en el horizonte, tal vez por ello mi padre me ponía películas soviéticas, siempre con el horizonte muy bajo. No entendía nada pero disfrutaba de la compañía de mi padre, un hombre culto aficionado al cine mudo, con especial predilección por Einsestein, y me soltaba alguna de sus viejas historias. Una vez me contó que el abuelo había participado en la división azul, había regresado con cantidad de panfletos socialistas y libros de Marx y Engels. Imitaba a Stalin. Se pintaba bigote y cruzado de brazos hacía una perfecta parodia de Mussolini: Yo soy el corsario del nacional socialismo, rebaños de simpatizantes venid a limpiarme las asperezas, unguidme los pies y besad mi gordo culo italiano. Era divertido, pensar que de joven mi abuela hacía canastillas y militaba como falangista. Por un mendrugo de pan se suponía que... el hambre, planteado así. La chica del kiosko... en Valencia las kiosqueras y las estanqueras están siempre de mala ostia, una ventaja si pretendes abandonar el vicio de fumar. La kiosquera es una morsa bigotuda medio sorda, y con mala leche. Siempre piensa que le quieren robar las revistas. Esta mal de la cabeza, me entran ganas de patearme la ciudad y comprar el periódico en otro sitio. En el FNAC siempre hay chicos monos, hay un encargado en la zona de música que esta buenísimo y en los Dvds hay un morenazo alto, muy morboso y algo afeminado. Tengo la sensación de que llamo su atención, la del morenito me refiero. No me atrevo, lo veo tan alto, aunque le debe ir la marcha. Si lo pillo en el ambiente me lo calzo. En las liberías solamente encuentras adefesios, el otro día mi padre me encargo La feria de las vanidades. ¿La hoguera de las vanidades? me pregunto la chica de la librería con voz congestionada. La feria... de Thackeray. Es un libro gordo, ¿verdad?. Supongo. Un viejo con cara de pervertido sonrió. Me miraba con altivez y desprecio. Salí de aquella jaula de grillos y me reuní con Vicente, mi escultor predilecto, el hijo pródigo. Un poco tocapelotas, pero me gustaba su compañía. Es la mejor persona que he podido conocer hasta la fecha. Un poco canijo, manejable pero activo con un cierto dejo de arrebatado frenesí asexuado y pseudoerótico. Un prototipo familiar de perversión homosexual y masculinidad exacervada. Todo contradicción, especialemete atractivo, muy distinto a mí. Inseguridad adorable y una facilidad de palabra por las que muchos matarían. En fin, mi complemento ideal, mi pieza perfecta... encajada. Puedo conseguir de él todo lo que quiera, pero no fue eso lo que me llevó de cabeza hasta él. Es casi mejor persona que yo, y eso es decir mucho. Tiene un temple y una parsimonia para encajar las cosas. Me admira y desconcierta a la vez. Es enigmático a su manera, lo cual me permite acceder a cierta parte de sus pensamientos, siento que no me oculta nada importante. Me siento próximo a él. No sé que habría sido de mí de no haberlo conocido.

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