23 junio, 2006

TRES DIRECTORES DISFUNCIONALES: LARRY CLARK, HARMONY KORINE Y TODD SOLONDZ

FRANCOTIRADOR. Larry Clark es uno de los más radicales fotógrafos de los ultimos años, a pesar de ello para muchos es más conocido por su faceta cinematográfica. Acercarnos a la obra de este insigne artista americano, puede resultar descorazonador e incomodo. No es fácil enfrentarse al abismo de la realidad tal y como lo muestran sus imágenes.

Clark, nacido en Oklahoma en 1943, refleja en su obra a la juventud americana (que podría extrapolarse a cualquier sociedad occidental) perdida y sin futuro, en sus películas explora a sus personajes, mientras expone al espectador su condición de quienes ya no tienen nada y por lo tanto nada que perder, films como las polémicas “Kids” o “Ken Park” muestran a unos adolescentes que les ha tocado el papel de perdedores, únicamente redimidos por el sexo, el consumo y la autodestrucción.

He de reconocer que no me apasiona la obra cinematográfica de Clark, exceptuando “Otro día en el paraíso”, quizás su obra más accesible, el resto de películas en las que se ha puesto tras la cámara resultan a la par desoladoras y vacías de contenido, no por ello tendríamos que considerar a Clark como un mal director, más bien al contrario, sencillamente deberíamos verlo como un fotógrafo que intenta dar movimiento a unas imágenes estáticas, cuando estas últimas por si solas resultan más expresivas que los largometrajes en los que intenta dotarlas de movimiento.

El fotógrafo retrata a sus personajes practicando sexo, manejando armas o drogándose en una especie de huida hacia atrás y dotándolos de una insigne belleza que los hace inocentes ante la cámara, victimas de un mundo que se han encontrado hecho y no les han permitido cambiar. Así mismo muestran al espectador una realidad que pretendemos ocultar, la otra cara de una sociedad que nos empeñamos en tildar de perfecta, la decadencia de un futuro inminente que pretendemos obviar.

Resulta curiosa la manera de trabajar de Larry Clark, tanto en su faceta de director como de fotógrafo, y a pesar de sus 62 años se aproxima a sus actores o modelos convirtiéndose en uno más, incluso vistiendo y viviendo entre ellos, no es raro verle ataviado con indumentaria skateboard, pecho descubierto y anchas bermudas como única ropa, en un acto de simbiosis para con sus personajes y con la intención de conocer mejor sus pautas de comportamiento.

Las películas de Clark han sido exhibidas en la mayoría de festivales cinematográficos, siempre rodeadas de polémica incluso antes de su estreno, así mismo, su obra fotográfica se exhibe en muchos de los mejores museos del mundo. Una buena aproximación a su obra fotográfica en el libro “Tulsa” (nombre también de la ciudad de nacimiento de Clark.)

INCOMPRENDIDO. A Harmony Korine le gusta la polémica. Alabado y vilipendiado a partes iguales desde que escribiera el guión de la controvertida cinta de cinema verité Kids (1995, Larry Clark), la carrera de este hombre de 27 años de edad no ha hecho otra cosa que dividir a la opinión pública. Con Gummo, su debut como director en 1997, en el que mostraba fragmentos de la forma de vivir de la llamada basura blanca, logró que la mitad de los espectadores le compararan con Godard, mientras que la otra mitad se dirigía a toda prisa en busca de la salida del cine.

Su último proyecto, Julien Donkey-Boy, una película en la que retrata la figura de un esquizofrénico incipiente interpretado por Ewen Bremner, parece destinada a tener una acogida semejante. Coprotagonizada por la que en tiempos fuera su novia, Chloë Sevigny, y por el legendario director alemán Werner Herzog, fue recibida por la crítica de EEUU con absoluta disparidad de criterios, dedicándole comentarios que van desde afirmar que se trata de «una película de penetrante belleza» hasta catalogarla como «un disparate desagradable y autocomplaciente».

¿Farsantes o artistas? Es una duda más que razonable, por no decir irremediable. Porque, ¿qué pinta esta banda de presuntos modernos, intelectuales de fin de semana, adalides de la pureza indie presumiendo de líderes de opinión en bastiones mediáticos tipo Interview y similares? Los bienpensantes dirán que son una nueva generación de víctimas del insaciable apetito de las revistas con actitud: ellas van de vintage, ellos de guarretes y todos parecen estar dotados con la utilísima capacidad de dar con el titular (in)correcto. Un bombón para las portadas. Esa podría ser la razón de que Harmony Korine, Chloë Sevigny, Sofia Coppola, Amanda de Cadenet o Zooey Deschanel, desde el frente cinematográfico y como eternas promesas, o Beck, Sonic Youth (con Kim Gordon a la cabeza) o Beastie Boys, desde el musical, nutran mes sí y otro también sus páginas (sobre todo las de sus ecos de sociedad guay, que dan debida cuenta de las pasadas tóxicas de esta bien avenida panda de party animals), sin mayor motivo que enseñar estudiadísimos estilismos. Conscientes o no de su perfil de auténticos figurantes, aprovechan escogidos escaparates para dar lecciones de militancia indie (¡puag!). Total, que poco importa si tienen algo nuevo que decir o no, lo que cuenta es lo mucho que adornan. Y si hay algo que promocionar, mejor.

Nadie diría que Harmony Korine (California, 1974) es, en el fondo, un romántico del ala ultra. Sin embargo, las controvertidas imágenes de sus filmes tienen la (¿sana?) intención de cambiar el mundo a fuerza de revelar lo incómodo, lo feo, en sus propias palabras, «la mierda», a través de un lenguaje cinematográfico para algunos simplemente experimental, para otros revolucionario. Los amorales niños de Kids (1995), el filme dirigido por Larry Clark con un guión suyo, y los apáticos adolescentes de Gummo (1997), expertos en el asesinato de gatos y aficionados al pegamento, levantaron tantas ampollas como ahora lo hará el esquizofrénico y violento Julien de Julien Donkey-Boy, que se estrena milagrosamente tras casi tres años de espera.

PESIMISMO SUBURBIAL.Todd Solondz es mordaz, crudo, pesimista y agridulce. Desconfiamos del realismo escatológico y excesivo que nos ofrece. Nos aterra reirnos de la miseria de sus personajes, esa miseria tan actual y concreta. No hay sugerencias en Solondz, todo ocurre frente a la cámara, todo chorrea y cuelga. Alejandro dice que lo que intenta es «revelarnos lo asqueroso», crítica social de alto impacto. De pronto tiene razón, no estoy seguro, Solondz parece estar de acuerdo (ver cita más abajo).

El trabajo de Solondz nos atrae porque sus personajes lucen familiares, cercanos: el tímido vecino que saluda en el ascensor, la señora gordita que siempre nos saluda en la panadería, el niño amigable que empaca en el supermercado. Lo que hace Solondz entonces es responder las preguntas que a veces nos hacemos: «¿Y qué ocultan?, ¿Qué tan lejos están de éso que pretenden ser? ¿Qué tan felices son esas sonrisas?» Y somos básicos, sí, porque cuando Solondz nos descubre las macabras respuestas, las disfrutamos, nos reimos con ellas, las miramos con la curiosidad del que no es visto pero vé. Lo que nos gusta no es lo que vemos sino la manera como lo apreciamos desde la silla segura, a través de la cámara.

Nadie en sus cabales quiere estar en el escenario en Laura en America pero no conozco a nadie que no haya sido cautivado, así sea unos minutos, por el placer de apreciar la miseria humana de primera mano sentado cómodamente en su sala, con un vaso de jugo de lulo en una mano y un pan en la otra. Por la misma razón vemos a Solondz, y lo seguimos viendo.

"No es para todo el mundo, no está diseñada para todo el mundo y yo no pienso nunca escribir algo que sea diseñado para agradar a todo el mundo. Es fácil crear personajes que produzcan simpatía, basta enfermarlos de cancer y, claro, todos nos sentimos horriblemente tristes y apenados. Siempre que uno crea una víctima la gente se siente de esa manera. Como cineasta y escritor, éso no me interesa. Podré ser acusado de misantropía pero yo pienso que podría argumentar lo opuesto. Yo creo que es solamente tras reconocer los errores, las falencias y las fallas que se puede realmente aceptar y apreciar todo lo que somos. La gente dice que soy cruel o que la película es cruel, pero yo pienso que, al contrario, la película muestra la crueldad y yo creo que precisamente la capacidad de ser crueles es la que más nos cuesta reconocer, la que más nos duele. Todos somos capaces de ser crueles asi como todos somos aptos para ser condecendientes y sólamente los mejores logran suprimir, sublimar y recanalizar estos instinctos básicos, pero yo siento que de cualquier manera estos instintos juegan un rol regular en nuestra vida en formas sutiles y no tan sutiles. Yo no creo que luego de séptimo grado estos impulsos se evaporen. Desde mi perspectiva yo estoy tratando de ser honesto con lo que veo y lo que he presenciado y lo que yo creo que es cierto acerca de nuestra naturaleza." (Acerca de Happiness)

Palindromos la última (esperemos que no lo sea definitivamente) película de Solondz, quizás tenga un fondo político-social que nos resulte un tanto ajeno. La dicotomía entre pro-life y pro-choice que resulta ser el escenario en el que discurre la historia de la multiforme Aviva, puede resultar un tanto extremada. De todas formas esa extrañeza queda en un segundo plano debido a la perplejidad en que el espectador se sume casi desde el principio de la película.
Palindromes es un estrambótico cuento de hadas, una revisión de Alicia (en los suburbios, por supuesto) con referencias a Ese oscuro objeto del deseo, de Buñuel y La noche del cazador, de Laughton. Es sobre todo una excelente película alejada de toda concesión comercial.